Para los regulares espectadores de la industria cinematográfica de hoy, resulta ser algo muy común encontrarse con cintas en las que predominan las explosiones y la grandilocuencia visual. Obviamente, esto se debe en mayor medida a los impresionantes avances tecnológicos a los cuales la humanidad logró llegar en este último tiempo y que por supuesto, como no podía ser otra manera, también repercutieron en el mundo del entretenimiento, que claro, hace de lo visual casi, casi un culto.
Pero esto mismo que les mencionaba recién, las impactantes explosiones, tan reales como las verdaderas, o las magníficas y grandilocuentes persecuciones que exigen muchos recursos humanos y técnicos detrás para impactar al espectador no era algo muuuy corriente allá por la década del ochenta cuando Indiana Jones hizo su primera gran presentación en el mundo del cine, sino que muy por el contrario, todavía la cosa en materia visual seguía siendo bastante básica y por eso esta producción que une a dos talentos increíbles de Hollywood como son George Lucas, creador del personaje de Indiana y a Steven Spielberg, a cargo de la dirección de cámaras, causó un increíble furor por aquel tiempo y también se convirtió en un clásico de la acción y un referente en materia de efectos especiales.
Y como no podía ser de otra manera, el personaje excluyente de la historia y quien le ha dado el nombre a la historia no podía quedarse detrás de todo este fervor y mucho menos Harrison Ford, quien tuvo a su cargo la interpretación del mismo en todas las oportunidades (Raiders of the Lost Atk, Indiana Jones and the Temple of Doom, Indiana Jones y la última cruzada, Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal).
Si bien, Harrison ya había sido confirmado por el público y la crítica luego de su participación en otra creación de Lucas, La Guerra de las Galaxias, interpretando a Han Solo, el personaje de Indiana Jones terminaría por catapultarlo a la fama y sentenciarlo a ser el dueño absoluto del cetro cuando de aventuras se trata la cosa.
Con una increíble plasticidad para desempeñarse en escenas de acción, casi, casi sin despeinarse y sin demostrar más emoción que su típico rictus, realmente, en Indiana Jones y la última cruzada, además de ver una increíble cinta de aventuras que no escatimó en efectos, pudimos ver la mejor performance, a mi juicio, del gran Harrison, que hizo muchas otras cosas más y muy bien y buenas, por supuesto: Blade Runner, El Fugitivo, Juego de Patriota, Sabrina, Siete días y siete noches, entre otras, pero la verdad, al lado de Indiana no importan…
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Autor: Florencia el Martes 12 Enero, 2010






