El día 13 de marzo se estrena en suelo español el segundo film del director Tomas McCarthy, The Visitor, sucesor del éxito independiente The Station Agent. El debut de McCarthy fue galardonado, entre otros premios, con un premio BAFTA y un Independent Spirit Award por su notable guión, y fue todo un éxito de crítica. Su segundo film parece seguir el mismo destino ya que ya cuenta con numerosos premios y nominaciones en su haber además de críticas favorables de los principales medios norteamericanos. Incluso el a veces arbitrario Roger Ebert volvió a elogiar su trabajo.

McCarthy es además de escritor (el mismo firma el guión de The Visitor) y director, un talentoso actor, como pudimos ver en Good Night, Good Luck o en la más reciente Flags of Our Fathers, así como también en algunas apariciones en series de televisión norteamericanas.
El film cuenta la historia de Walter Vale, interpretado por un más que correcto Richard Jenkins, un profesor de economía viudo que lleva una existencia bastante vacía. Sumido en la soledad, sólo le queda la rutina de sus clases de piano y el dudoso proyecto de la escritura de un libro. Un encuentro casual con una pareja de inmigrantes ilegales, Tarek y Zainab, que terminarán viviendo con él en su departamento lo llevará a descubrir un nuevo rumbo para su vida solitaria y llena de rutina. Tarek (Haaz Sleiman), que es un muy buen interpreté de yembé, acerca a Walter a la percusión, tocando e improvisando, brindándole una actividad a la cual dedicarse. Sin embargo, la aparente estabilidad de los personajes se rompe en cuanto entran en juego las opresivas políticas de inmigración de los estados unidos, que tienen intenciones de deportar a Tarek a su país de origen.
Walter visita reiteradamente al que es ahora buen amigo en prisión, mientras espera junto a la madre de Tarek, una decisión acerca de su situación en el país. Así es como de paso, además de adentrarnos en los sentimientos de los diversos personajes, la película elabora un discurso acerca de la política estadounidense de inmigración, y de laa posibilidades de integración cultural. Como podemos apreciar, la película no cuenta con una trama muy compleja, si no que se trata de una historia de personajes y emociones sostenida esencialmente por el notorio trabajo actoral de Richard Jenkins, que se amalgama completamente con un personaje que pareció haber sido pensado solo para él. En definitiva, el film es una suerte de “drama indie”, que puede ser muy agradable a aquellos espectadores afines a este tipo de sensibilidad en las películas; podemos aclarar en este punto, que el film fue producido por los productores de aquella pequeña joyita esteralizada por Paul Giamatti: Sideways. Filmado integramente en la ciudad de Nueva York, el film cuenta con una excepcional banda de sonido realizada por el compositor polaco Jan A.P Kaczmareck, que dotó a la música de la película de una ambientación étnica más que interesante.
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Autor: Florencia












