Hablar de un film como Fly me to the moon implica también una pequeña reflexión acerca del papel del 3-D en el cine contemporáneo. O no la implica en realidad, pero me parece pertinente escribirla en este momento, al menos para mencionarla y traerla a colación más adelante. Casos particulares lentamente se van haciendo más frecuentes, como el último film de Dreamworks, Monsters Vs Aliens, o Bolt, de Disney. También podríamos mencionar otro caso particular como lo fue el re-estreno en este formato de Nightmare Before Christmas, de Henry Selick, así como el último film de este mismo autor, Coraline.

Ahora, el 3-D se presenta probablemente como la única razón para acercarse a ver un film de animación belga, como Fly me to the moon. De hecho, el film existe en una versión más corta llamada attraction, para ser exhibida en parques de atracciones, justamente. Y el hecho de que la intención del 3-D sea la del mero espectáculo, y que el film esté construido en torno a esta funcionalidad, le quita algo de mérito narrativo o si se quiere, artístico. Por otro lado, luego de ver las proezas tecnológicas de Pixar en films como Wall-E o Finding Nemo, cualquier film de animación 3-D hecho fuera de USA parece de quince años atrás.
Dejando de lado estas consideraciones, el film cuenta la introducción de tres pequeñas moscas astronautas en el lanzamiento del Apolo 11, y su consecuente viaje a la luna. Por otro lado, moscas rusas ven el lanzamiento por tv y se deciden a sabotearlo. Es cierto y tan raro como suena, es una versión 3-D y protagonizada por moscas de la guerra fría, con los rusos una vez más como villanos. Ay, IMAX.
El director de este film es Ben Stassen, y es el primero en ser integramente producido, diseñado, creado y lanzada exclusivamente en 3-D. Al menos según la compañía productora, que vayan ellos a discutirles a Dreamworks si tienen ganas.
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Autor: Ignacio












