
Si por algo será recordado póstumamente Heath Ledger será por sus dotes actorales, su don de gente, sus personajes memorables, sus cabellos rubios y alborotados… en fin, por una veintena de cosas, pero ninguna de ellas es Casanova, la película de Lasse Hallström.
Bueno, digamos que Giacomo Girolamo Casanova de Seingalt, en quien se basa la historia, sí fue un personaje famoso y encumbrado, hasta hoy lo recordamos y lo usamos de epíteto para calificar a alguien que se le da bien con las mujeres, encantador, seductor empedernido y otras yerbas del machismo. Muchos lo llaman “el más grande amante de todos los tiempos”, así que de entrada este argumento prometía.
Y la cosa es que Hallström, un tipo reconocidísimo por filmar videos del grupo musical sueco ABBA, pero también por pelis como The Cider House Rules, Chocolat, The Shipping News y otras, se decidió a llevarlo de nuevo a la pantalla grande al bueno de Giacomo, que ya había tenido su versión en celuloide gracias a Federico Fellini, otro grande italiano pero del cine.
Así que así volvemos al 1753 de Casanova, en Venecia y en la piel de Ledger. El tipo es conocido por su éxito entre las mujeres, tanto que hasta se hacen obras de títeres en su nombre, pero como tampoco estaban tan locos en esa época, el gobernador de la ciudad le advierte a Giacomo Girolamo que si no se casa pronto lo van a tener que echar a otros pagos. Y él tampoco es tan liberal: está enamorado de Francesca (Sienna Miller), una mujer que escribe panfletos feministas de forma clandestina y a quien quieren casar con un hombre adinerado bajo el nombre de Paprizzio (Oliver Platt).
En fin, que como es de esperarse en cualquier comedia romántica tendremos amores ligeros con sutiles percances y poca profundidad de época. Lo que se dice, el plato perfecto para un sábado lluvioso.
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Autor: Victoria el Sábado 27 Junio, 2009
