Aunque por supuesto no todo el cine nace y muere en las grandes plazas como pueden ser entre otros Hollywood, España, Inglaterra, Francia, México, Brasil o la Argentina, algunas produciendo más y otras un poco menos, pero siempre en movimiento, resulta extraño y poco familiar por la casi nula trascendencia internacional que ha tenido históricamente, pensar al Paraguay como un importante hacedor de producciones cinematográficas. O sea, internacionalmente Paraguay puede ser referente o noticia a la hora de hablar de política, de mate, de chipá, de fútbol, del idioma guaraní, pero jamás cuando de cine se trata la cosa.

En tanto y por esta razón la producción de la realizadora Paz Encina, La Hamaca Paraguaya, premiada con el Premio de la Crítica en el Festival de Cine de Cannes, volvió a poner al Paraguay en los titulares del mundo pero no por las cuestiones más tradicionales que distinguen al país siempre y que mencionamos más arriba, sino porque esta ópera prima de Encina revaloriza internacionalmente al Paraguay en lo que a costado artístico respecta y que en los últimos años no presentó otro registro similar.
Con la ayuda de uno de sus vecinos, la Argentina, Encina, quien justamente llevó a cabo allí sus estudios superiores en cine, encontró en la reconocida productora argentina Lita Stantic, el pilar que necesitaba para darle vida y cara a La Hamaca Paraguaya que primeramente fue su trabajo de tesis.
Filmada completamente en suelo paraguayo, La Hamaca Paraguaya busca expresar la identidad cultural del Paraguay a través de la historia de vida del matrimonio compuesto por Ramón y Cándida.
Corre el año 1935 y lejos físicamente de allí pero muy cerca emocionalmente, se sucede la Guerra del Chaco en la cual interviene su hijo Máximo, en tanto, el anciano matrimonio preso del calor, la sequía y la angustia por la falta de noticias sobre su hijo pasan los días esperando porque algunas de estas cuestiones llegue a su final feliz, es decir, que finalmente llueva, que se levante el viento y que su hijo aparezca en el horizonte. Cándida representa la postura menos optimista al respecto de todo y por el contrario, Ramón ofrece una visión más esperanzadora.
Solamente para aquellos que gusten de ver experiencias nuevas, con un ritmo menos frenético al acostumbrado.
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Autor: Florencia el Miércoles 29 Julio, 2009
