Bodas y más bodas. Los yanquis adoran esta ceremonia ancestral, y más todavía les fascinan las historias sobre bodas interrumpidas, postergadas, novios abandonados, desastres y catástrofes naturales que atentan contra la unión divina, triángulos y rectángulos amorosos que se descubren a último momento y todo tipo de peripecias que hacen del matrimonio una montaña rusa alocada.

La boda de mi novia (Made of honor) es una de las últimas entregas sobre este tópico que nunca se agota. La dirigió Paul Weiland y protagonizada por Patrick Dempsey (Grey’s Anatomy) y Michelle Monaghan (Gone Baby Gone).
Esta es la historia de Tom y Hannah, amigos por más de 10 años. Bueno, son un poco más que amigos, hay algo platónico dando vueltas por ahí. La cosa es que Tom es el típico mujeriego que sale con decenas y decenas de chicas por semana, mientras que Hannah busca a su príncipe azul sin éxito. Y resulta que cuando Tom empieza a darse cuenta de que quiere a Hannah para algo más que sólo una amistad, ella le anuncia que finalmente se ha comprometido. Y encima de todo, quiere que él sea su “dama” de honor. Tom, seguro de que podrá detener la boda y conquistarla, acepta el reto. Pero los problemas recién empiezan ahí y esta pareja no lo tendrá nada fácil hasta que puedan unirse en su amor eterno.
Si esperabas algo más que críticas aburridas y hastiadas por parte de los cinéfilos, te equivocaste. Casi todos los críticos la calificaron como una “chick-flick” (o película para chicas) demasiado olvidable que sigue las fórmulas y los lugares comunes al pie de la letra.
Y bien, eso no va a impedir que esos sábados de triste soltería y soledad acompañados de delicioso helado de chocolate que pasamos de vez en cuando alquilemos este volumen para pasarla un poco menos mal.
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Autor: Ignacio el Sábado 25 Abril, 2009
