Películas Espartaco (Spartacus) DVD


La libertad, un bien preciado desde tiempos inmemoriables



poster espartaco 205x300Espartaco es quizás una de las películas más recordadas dentro de los clásicos del cine “de romanos”, junto con Ben-Hur, Los diez mandamientos o Quo Vadis?, pero Espartaco es quizás un hito porque deja de lado ese aspecto cristiano que estaba presente en todas las anteriores películas.

Dirigida por Stanley Kubrick en 1960, Espartaco obtuvo cuatro Óscars: al mejor actor secundario (Peter Ustinov), fotografía, dirección artística y vestuario el año en que El apartamento de Billy Wilder consiguió las estatuíllas más importantes.

La historia cuenta cómo un esclavo tracio llamado Espartaco (Kirk Douglas) es vendido como gladiador a un comerciante llamado Léntulo (Peter Ustinov). A medida que la fama de Espartaco va creciendo dentro del recinto de entrenamiento de gladiadores, el joven esclavo se enamora de Varinia (Jean Simmons), una esclava dulce, culta y bellísima. Hablan por primera vez cuando después del entrenamiento Léntulo decide regalar una noche de sexo a los gladiadores con las esclavas dentro de las celdas de cada uno. En lugar de mostrarse como un despiadado, Espartaco trata a Varinia como una verdadera mujer y a partir de ahí empezarán una historia de amor casi prohibida.

Un día, a la escuela de la muerte llega Marco Licinio Craso (Lawrence Olivier) quien, acompañado por sus secuaces, que ávidos de sangre piden una lucha de gladiadores en la misma escuela. Craso además muestra su interés por la compra de Varinia, a la que se opone Léntulo, aunque cede tras cobrar mucho oro por ella.

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Sin embargo, Espartaco en lugar de luchar contra los que son sus amigos, habla con ellos y deciden rebelarse contra los que les hacen matarse los unos a los otros, y conseguir la libertad. De ese modo, Espartaco intentará liderar no sólo ya a los gladiadores de su escuela, sino también a todos esos esclavos que se enfrentan a sus dueños y siguen a la figura emblemática, incluso un ex-esclavo de Craso, Antonino (Tony Curtis), un griego, poeta y cultivado esclavo que, en lugar de luchar, tendrá que hacer canciones para animar a los soldados.

La revuelta de los esclavos cada vez irá adquiriendo más importancia, llegando incluso a los oídos del Senado, en el que Graco (Charles Laughton) se las verá con Craso, intentando hablar de diálogo y paz en lugar de la lucha armada como propone Craso. Por supuesto, la idea de que Roma es mucho más fuerte que cualquier ejército, y sobre todo tratándose de esclavos, hará al ejército romano iniciar la lucha spartacus2contra los esclavos, lo que les hará acusar muchísimas bajas por su menosprecio a un ejército que no estaba desestructurado como ellos pensaban.

Sin embargo, la oleada de militares romanos se hará tan fuerte, y teniendo en cuenta que lo único que guiaba a los esclavos era su deseo de libertad, los esclavos irán cayendo hasta que tan sólo quede un pequeño grupo. Craso, al no distinguir quién es Espartaco, pregunta a los prisioneros quién de ellos lo es, dando como resultado una de las escenas más emotivas e imitadas del cine: todos y cada uno de los prisioneros dicen “yo soy Espartaco”.

Al final, Craso decide ir crucificando a cada uno de los esclavos en el camino que lleva a Roma mientras secuestra para si mismo a Varinia, rescatada del campo de batalla con un bebé. Pero Léntulo, con un gran cargo de conciencia, decide ayudar a Varinia a escapar por el camino de los crucificados hasta que llega a los pies del padre de su hijo, y Varinia dice, en una de las frases más recordadas de la historia: “Muere, muere mi amor, muere”.

Como curiosidad, hay que decir que en la versión restaurada podemos por fin ver esas escenas cortadas por la censura, en las que Craso intentaba seducir a Antonino (su esclavo) en el baño, preguntándole si le gustaban los caracoles o las ostras, dando a entender las preferencias sexuales del antiguo Imperio Romano.

Además, Kubrick incluso dijo que de su filmografía quitaría esta película, al no haber tenido él el control de todos los aspectos. La fuerte personalidad del director se enfrentó con Kirk Douglas, que discutió acaloradamente sobre el guionista, Dalton Trumbo, que el director no quería que apareciese en los créditos, quizás porque estuvo perseguido por comunista en la caza de brujas. Sin embargo, Douglas venció y Trumbo apareció acreditado. Aunque lo peor fueron las discusiones entre los actores, que a veces incluso dieron paso a la improvisación de los diálogos, haciendo que Ustinov se los inventase, quizás para discutir todavía más con Lawrence Olivier, Charles Laughton y el propio Douglas. Un desastre que dio la obra maestra de las películas ambientadas en el Imperio Romano.


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Autor: Naír