La quimera del oro (The gold rush): El sueño del oro y los sueños perdidos

Cartel de La quimera del oroLa quimera del oro fue el segundo largometraje dirigido por Charles Chaplin y el primero en el que además haría de protagonista, lo que le valdría un gran éxito de crítica y de público. Fue una de las películas más caras, más caprichosas y más prolongadas en su rodaje de la historia del cine. Chaplin tardó en hacerla más de un año, exactamente 405 días (de enero de 1924 a mayo de 1925), de los que tan sólo 170 días fueron de rodaje, gastó la exorbitante cantidad de 650.000 dólares de principio de los años 20 y detuvo el rodaje donde quiso, cuando quiso, y el tiempo que creyó conveniente.

Una de sus intérpretes, Georgia Hale, dijo: “Cuando entraba Chaplin en el plató, con las dos manos metidas en los bolsillos de los pantalones, los hombros encogidos y una expresión en la cara que no presagiaba nada bueno…, se quedaba sentado haciendo esperar a todo el mundo. No importaba cuánto se estuviera pagando o cuánto costease aquello. Y después de quedarse allí sentado durante horas, incluso días completamente ensimismado, suspendía el rodaje y nos gritaba a todos que nos marchásemos de allí. A veces no nos llamaba hasta transcurrida una semana, hasta que volvía a estar inspirado”.

El origen de La quimera del oro viene de una visión que tuvo Chaplin en casa del matrimonio formado por Douglas Fairbanks y Mary Pickford. Allí vio unas imágenes de buscadores de oro en Alaska, y leyó algo sobre la tragedia de los pioneros Donner que llegaron al canibalismo cuando perdieron la ruta de California a causa de la nieve.

La película comienza con una fila de buscadores de oro trepando por las montañas en el paso Chilkoot, que cerraba el paso para ir a Alaska en la búsqueda del oro. Tras estas imágenes desgarradoras, en donde se nos cuenta que muchos perdían la vida perdidos o desesperados, aparece un absurdo buscador de oro vestido con chaqueta, bombín y un bastón de junquillo, y una destartalada mochila a la espalda, caminando torpemente por una cornisa helada abierta a un precipicio. El personaje mantendrá este atuendo absolutamente inapropiado para la historia que se está contando y que contrasta todavía más con el resto de los personajes cubiertos de pieles y con grandes gorros que les cubren la cabeza.

Charles Chaplin y Mack Swain en La quimera del oro

Pero llega la tormenta, una tormenta que hace refugiarse a Chaplin en una cabaña en la que está Black Larsen (Tom Murray), un prófugo de la justicia. Larsen expulsa al intruso de su casa pero es imposible salir por el fuerte viento que lo empuja hacia dentro cada vez que intenta salir. A ellos dos se les une Big Jim McKay (Mack Swain), un enorme y afortunado buscador de oro que ha encontrado una mina, pero no sabe volver a la civilización. Cercados por las nieves y azotados por las ventiscas, y con una creciente necesidad de comida (Chaplin hasta se come una vela por el hambre que tiene), deciden echar a suertes quién debe ir a buscar ayuda, y le toca a Larsen.

En la cabaña, la situación es cada vez peor. En Acción de Gracias, Chaplin ha procurado un inesperado (y repugnante) banquete a su compañero a base de hervir una de sus botas, en una de las mejores secuencias de la película y de toda la historia del cine. Chaplin hierve el zapato con gran estilo, rociando periódicamente la comida con el caldo y finalmente extrayendo los cordones que él mismo comerá como unos exquisitos tallarines negros. Después divide la bota: el cuero para Big Jim, la suela y los clavos para él mismo. Chaplin sustituye su bota por un informe atado de trapos en torno al pie del buscador solitario y que con ese calzado improvisado permanecerá el personaje el resto de la película, incluso años después.

Pero siguen pasando los días y el hombre grande grita que necesita comida y contempla cada vez más golosamente a su compañero de prisión y de hambre. En su delirio, llega a verle como un gigantesco pollo. Momentáneamente, McKay recupera la cordura, pero a ésta sucede otra de carácter criminal que le indica que, pollo o no, el pequeño buscador es su única oportunidad de mantenerse con vida.

Charles Chaplin en La quimera del oro

Por suerte, la tormenta amaina y Chaplin y McKay se despiden el uno del otro, pero cuando este último llega a su concesión, se encuentra con Larsen, que lo deja inconsciente en la nieve, lo que le producirá amnesia mientras que el propio Larsen morirá en un desprendimiento del glaciar.

Por otro lado, Chaplin llega a una ciudad y se queda perdidamente enamorado de Georgia (Georgia Hale), una bailarina del saloon local, sobre todo tras bailar con ella, que pretende darle celos a su pretendiente Jack Cameron (Malcolm Waite). En busca de refugio, el buscador se hace el desfallecido frente a la cabaña de Hank Curtis (Henry Bergman), que lo acoge para que le cuide la cabaña. Cuando Hank se va a hacer negocios, Chaplin queda al cargo, lo que aprovecha para invitar en nochevieja a las chicas del saloon que se pasan por allí. Sin embargo, ellas no aparecen y Chaplin se entristece. Esto durará bien poco, ya que Larsen llegará al pueblo, se encontrará con él, y juntos irán a buscar la cabaña en donde pasaron hambre para poder recordar el camino hacia la mina. Cuando llegan allí, con un montón de provisiones, se despiertan con la cabaña justo en un desfiladero, en una de las escenas más graciosas de la película, ya que creen que tienen resaca, pero en realidad es la cabaña, que tiene la mitad del suelo fuera de la montaña.


Autor: Naír el Lunes 6 Julio, 2009