La segunda parte del biopic de Steven Soderbergh sobre Ernesto Che Guevara no tiene mucho que ver con la primera. Sí, tienen el mismo protagonista y la misma intención en su argumento: derrocar al régimen dictatorial e instaurar la revolución agraria en un país en donde los más pobres están explotados y son víctimas de las más feroces injusticias.
Sin embargo, esta segunda parte adolece de los mismos errores que en la primera pero magnificándolos. En Che: el argentino la historia está perfectamente hilada, con unos personajes muy carismáticos, acompañados de un plantel de secundarios que está a una brillante altura, aunque con bastantes lagunas de emoción, y perdiéndonos entre tantos personajes históricos. En Che: Guerrilla tan sólo vemos un personaje carismático, el Che, acompañado de una plantilla de secundarios que intentan seguir al líder.
Dejando de lado las cuestiones políticas y centrándonos en la película, lo que aquí vemos es la inclusión de muchísimos personajes que además no tienen el acento correspondiente. Ya no me refiero a un acento boliviano prácticamente exento en todo el film, sino que hay algunos actores que simplemente dan pena al oírlos hablar español. El caso de Lou Diamond Phillips es estremecedor: sus pocas frases parecen aprendidas fonéticamente, como alguien que no sabe ni leer ni escribir español, pero que tampoco ha oído el idioma en su vida. Franka Potente tiene una especie de acento argentino, aunque nos muestra que sabe hablar bastante más que Lou Diamond Phillips. Joaquim de Almeida ni siquiera se molesta en disimular su acento portugués. Todo esto desvirtúa una película que debería haber sido interpretada por actores suramericanos o españoles, que como bien se ve en el film, son los que mejor actúan al sentirse cómodos con el idioma.

Con respecto al argumento, notamos desde el principio que la revolución boliviana no tendrá el mismo final que la cubana, no sólo por el poco apoyo social, sino también por el desastre de organización tanto del Che como de las teóricas clases intelectuales que aquí ya ni tienen el escaso protagonismo que en la primera parte. El pueblo tampoco ve con buenos ojos ya no sólo que un extranjero como el Che lidere una revolución en su nombre, sino que ese líder traiga con él a sus amigos cubanos, lo que hace que la desconfianza sea máxima. Además, los guerrilleros bolivianos tampoco ven la guerrilla de corazón, lo que les hace renunciar a las primeras de cambio.
De todas formas, la película no es completamente un despropósito. La escena de la batalla final está muy lograda, al igual que la caracterización del Che por parte de Benicio del Toro (sin tener el cuenta el poco acento argentino que muestra), cuya muerte está narrada de una forma genial con un plano subjetivo, hacen que Che: Guerrilla no sea un fracaso del todo, sino un biopic digno de reseñar y que, tomado de forma conjunta con la primera película, es una interesante visión del Che Guevara.
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Autor: Ignacio el Lunes 30 Marzo, 2009


