Guillermo del Toro es un director muy particular. Más allá de ser mexicano, ha desarrollado la mayoría de su trabajo en el mainstream norteamericano, incluso adaptando cómics de superhéroes (Blade, Hellboy), pero sin perder nunca su visión del mundo. Sea en proyectos de carácter más artístico o de grandes producciones para estudios grandes, Del Toro nunca ha comprometido esta visión, y su estilo y temáticas son siempre fácilmente identificables, ya que son muy características.
El mismo director ha señalado que siente una extraña fascinación por los monstruos, una fascinación “casi antropológica”, por su funcionamiento, su interacción con el mundo humano, su mundo. Insectos, aparatejos mecánicos, cabezas extrañas, tentáculos, lugares oscuros. Todos estos son lugares habituales en su filmografía, desde El espinazo del diablo hasta la última Hellboy, pasando por Mimic o El laberinto del Fauno. Hellboy en particular, a pesar de ser un personaje de comic americano, tiene sus raíces temáticas en el folclore europeo, en los monstruos lovecraftianos, en el pulp de misterio. Nada más afin con Guillermo del Toro, si hasta el propio protagonista es un ser demoníaco invocado del infierno, que lima sus propios cuernos para integrarse mejor en la sociedad. Y los films que protagoniza Ron Pearlman, en este especial esta secuela, son tan divertidos como poéticos y románticos.

Para los no iniciados, Hellboy es un demonio con una mano derecha enorme y dura como concreto, invocado del infierno por un hechicero en la segunda guerra mundial. Recuperador por los americanos, es ahora el mejor agente del Bureau de Investigación y Defensa Paranormal. Lo acompañan el elegante y elocuente Abe Sapiens, y su novia, la pirokinética Liz Sherman. Se suma al grupo en esta secuela Johan Krauss, una nube de vapor ectoplásmica que es albergada por un robot.
Del toro escribió la historia y el guión a partir de material del creador del comic, Mike Mignola, y abre al film recuperando al padre adoptivo de Hellboy, Trevor Bruttenholm, donde aparece relatándole una vieja historia, en la cual un rey desbandaba a un ejército porque se había salido de su control, declarando luego una tregua entre el mundo élfico y el mundo humano. Sin embargo, en el presente, el príncipe Nuada tiene sus reservas respecto a la tregua y planea resucitar ese ejército, el “Golden Army” del título para su propio beneficio.
Hay en el film una constante, pero por suerte no excesiva, aparición de criaturas extrañas, deformes, bizarras. Ojos dislocados, miembros superlativos. Todos los personajes, e incluso muchos objetos, están dotados de una brillante personalidad que los distingue. De todas maneras, la fantasía funciona como un elemento de Del Toro utiliza para analizar la humanidad de sus personajes no-humanos, como Abe Sapiens, o el propio Hellboy, que mas allá de su costado gruñon y agresivo, demuestra tener un corazón tierno escondido por ahí. Sus gatitos lo saben. Del toro, a pesar de desplegar un importante aparato de CGI y batallas ya comunes en la fantasía épica, logra medirse, y llegar al final climático mediante una buena historia y no a través de excesos. Esto se debe en gran medida a que los personajes, a pesar de toda la producción que los rodea, logran manifestar su personalidad a partir de sutiles gestos y acertadas palabras.
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Autor: Victoria el Miércoles 20 Mayo, 2009
